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lunes, 11 de diciembre de 2017

La Ronaldinho

Se murió la Ronaldinho. Así sin más, mientras mi barbero me cortaba el pelo me contó la historia o al menos lo que en el barrio se comenta. Me quedé impávido, viendo como caía mi pelo mientras en mi cabeza resonaba su imagen y aquella historia.

Ojalá esto fuera un escrito de ficción pero lastimosamente no lo es. La última vez que la vi fue saliendo del trabajo. Caminaba por las calles oscuras de batahola. La Ronaldinho cuatro veces lumpen para esta sociedad que mata: loca, travesti, muda y trabajadora sexual.

El barbero me cuenta que andaba en lo suyo. Se fue a trabajar con unos tipos, a darles placer. Uno de ellos bebió de más, la golpeó y de la paliza murió. El asesinato quedó impune como muchos otros que se suman a la lista. Lista invisible que al parecer se llevan los muertos.

El sistema social en el que vivimos mata a todo aquello que considera femenino y por ende débil. Muchos crímenes de odio, muchos asesinatos de homosexuales suceden por misoginia. Puede parecer exagerado pero a fin de cuentas la homofobia es una variante de ese miedo a lo femenino que deviene en violencia sobre los cuerpos que se salen de la "norma". Por otro lado, pienso en el trabajo sexual travesti como un espacio que aún no tiene ni la fuerza, ni la importancia que se merece dentro de las agendas de muchos colectivos.

La muerte de la Ronaldinho me lleva a pensar en la meritocracia del mundo homosexual y la alianza de los colectivos con la empresa privada. Alianza que apertura espacios chic de homosocialización y que no hace otra cosa que Ampliar las fronteras clasistas en el mundo lgbt de esta ciudad.

La mataron y no pudo decir nada, pues la loca muda no era un cuerpo deseable para las voces que optan por las bellezas colonialistas. La loca muda, la loca discapacitada no pudo decir nada ante el asesinato, ante el crimen de odio, ante los puños de la violencia misógina que la reventaron hasta silenciarla para siempre.



domingo, 11 de junio de 2017

Cultura homosexual: sedimentos y criminalización en La Prensa

La dictadura somocista estuvo cimentada en un círculo de intelectuales con ideales nacionales colonialistas y fascistas. Durante los años 30 del pasado siglo Los Reaccionarios, mejor conocidos como los poetas Vanguardistas, articularon un sistema nacional que tenía como algunos ejes fundamentales la figura del Hombre Fuerte relacionada al sistema de poder propuesto por Franco, un sistema cultural indohispánico que veía en el pasado ibérico colonial la estructura “salvadora del caos nacional” y la construcción de una ciudadanía fundada en los valores católicos y mestizos. Tanto Juan Pablo Gómez en su libro Autoridad/Cuerpo/Nación. Batallas culturales en Nicaragua (1930-1943) y Julio Valle Castillo en el prólogo a Ópera Parva dan cuenta de la fundación de este sistema nacional y la ideología de estos intelectuales. 

Uno de los resultados de este posicionamiento nacional fue la criminalización del sujeto homosexual afeminado. La dictadura somocista construyó políticas de control y saneamiento social que repercutieron sobre el cuerpo masculino feminizado. Por consiguiente este cuerpo fue rechazado de la esfera pública por parte del Estado nicaragüense. Se crearon mecanismos de devaluación del cuerpo del sujeto y del espacio. Se utilizaron medios de comunicación escrita y grupos de control como la Guardia Nacional para “sanear” los cuerpos viciosos. El Estado tuvo políticas de regulación social para los espacios de homosocialización y los sujetos/usuarios. Para mantener sus ciudadanías puras y sustentar su sistema de autoridad la dictadura somocista construyó un discurso que criminalizaba los espacios de homosocialización y al sujeto/usuario. Esta actitud no es exclusiva, ni fundante en el contexto somocista. Desde la colonia se tienen registros de la persecución y criminalización del sujeto homosexual. Erick Blandón en su libro Barroco Descalzo dedica un capítulo para analizar este período. Por otro lado, a inicios del siglo XX los diarios publicados en la ciudad dan cuenta del escarnio público y la criminalización del sujeto afeminado y travestido.

En las décadas del 50, 60 y 70 del pasado siglo no solo la dictadura somocista criminalizó el mundo homosexual. Los intelectuales Reaccionarios al formar parte de diversos grupos de poder en el país llevaron sus ideas a otros espacios. En esta época en el diario La Prensa Pablo Antonio Cuadra, uno de los líderes más notorios y prolíferos de dicho grupo de intelectuales, alternaba funciones de editor en jefe con Pedro Joaquín Chamorro. El 8 de abril de 1969 en dicho periódico apareció la siguiente nota editorial:

 “Vigilancia para la inmoralidad.”
Mientras la sociedad cristiana desprovista de toda seguridad policial celebraba los días santos, en un lugar de Managua, un grupo de invertidos sexuales se entregaba en gran sodomía y bajo la vigilancia de dos agentes del orden, a efectuar una de las fiestas más repugnantes de que se tenga conocimiento en Nicaragua…. Si ya es un atentado contra la moralidad el que tales fiestas, símbolo de otra de las crisis de Nicaragua: la moral, se efectúen precisamente en los días que la sociedad cristiana del mundo ha consagrado para meditar bajo la luz del Redentor, más nefasto resulta, el que esas fiestas, gocen de protección policial, cuando lo sano, lo correcto, lo lógico y lo normal dentro de una sociedad que trata de preservar sus esencias, es que los agentes del orden, actúen para resguardo de esa sociedad. El hecho demuestra que Managua, estuvo al descubierto moral y materialmente. (p.2) 

La nota editorial no está firmada.  Sin embargo, por el estilo con que se escribe, intuyo que Pablo Antonio Cuadra fue el artífice de estas palabras. En ella se evidencia la pugna entre una ciudadanía pura (católica, cristiana, sana, correcta, lógica), que conforma el centro heteronormativo, y la ciudadanía desviada (sodomita, repugnante, enferma, ilógica, invertida sexual, incorrecta). Esta nota es un ejemplo decidor de la visión que se tenía del mundo homosexual en el pasado siglo.

Desde aquella publicación hasta la actualidad han pasado exactamente 48 años. El pasado 10 de junio el mismo periódico publicó un artículo titulado ¿Quién tiene la última palabra? Firmado por el médico neurorradiólogo Enrique Jiménez. En este escrito hay un lastre de las ideas planteadas en la editorial de los años 60. Al iniciar el escrito el autor dice: “Es innegable que la humanidad del final del siglo XX y el comenzar del XXI, vive repuntes insospechados y artificiosos de corrupción, homosexualidad, xenofobia y lo que percibo como una actitud que contrapone diametralmente en su conducta, el descaro con el decoro, la realidad con la ficción, dando la impresión que no sabe si está viviendo o jugando a vivir.” Lo primero que anoto es la mirada caótica que el autor tiene sobre el pasado, después la enunciación de la homosexualidad en línea con la corrupción y la xenofobia conformando una triada que se visualiza desde el conductismo, luego una contraposición entre el descaro y el decoro como puntos extremos de la moral. 

Después en los siguientes párrafos hace alusión al mundo hippie de la liberación sexual. En él encuentra una desviación “hacia las drogas” y enmarca a este movimiento social en la extravagancia. Quiero señalar aquí que durante la dictadura somocista también el mundo hippie fue criminalizado y se relacionó con el consumo y tráfico de drogas. Más adelante retoma el tema de la homosexualidad y lo lee desde los fundamentalismos religiosos, dice: “La homosexualidad, realidad vivencial cuyas entrañas solamente puede desentrañar quien la vive, sus causas al margen de la enseñanza de la Escritura son siempre polémicas.” Después de dejar entre dicho que la Escritura (la biblia) es donde radica la Verdad sobre la homosexual, metaforiza la visita del primer ministro de Luxemburgo y su pareja homosexual al Papa Francisco con la relación entre la Samaritana y Jesús, subrayando con el pasaje bíblico en el que el Hijo de Dios se deja bañar la cabeza con perfume por la mujer de “mala vida”. El autor de forma subliminal relaciona la homosexualidad con el pecado y remata diciendo “no es asunto de prejuicio, sí lo es de juicio sano”. En estas citas podemos ver la misma tensión de hace 48 años en el que una ciudadanía pura sustentada en los valores católicos se enfrentaba con una impura, desviada, corrupta. 

Al final del texto el autor hace un llamado al hermanamiento y la aceptación entre el mundo homosexual y el heterosexual. Exhorta a la restauración social mediante la educación, instrucción y moralización ¿acaso no estamos viendo aquí la “crisis de la moral” a la que hace alusión la editorial de 1969?

Dentro de 17 días en Managua se llevará a cabo la 12va Marcha del Orgullo LGBTI y pienso que aún quedan muchas batallas por ganar. El diario La Prensa ha abierto sus páginas a un escrito que me remite al pasado somocista que nos criminalizaba como sujetos diferentes. Mi pregunta es ¿cómo un periódico que se dice enemigo y crítico de las “dictaduras” es capaz de publicar esto? ¿Cómo un periódico que pregona la democracia, la libertad y el servicio a la ciudadanía publica esto? Quizás haya muchas respuestas. Sin embargo, la única que me surge es que en la actualidad sobreviven en este espacio de prensa escrita sedimentos de las ideas fascistas y dictatoriales propuestas en los años 30 del siglo pasado. 

viernes, 19 de agosto de 2016

El silencio del González o la muerte de un escenario.




Estoy frente al antiguo Cine González de pie, inmóvil como la amada de Nervo. Estoy con las lágrimas contenidas mientras veo ante mis ojos una época calcinada. Las noticias informan que la madrugada de hoy viernes 19 de agosto un incendio consumió el interior del González, solo sobrevivieron las paredes del exterior.



Estoy ahí de frente a los pies de la estatua del Frente Nacional de Trabajadores. Los policías han puesto una cinta amarilla que rodea la cara principal del edificio. La rodea en un gesto que revive lo que le pasó al cine después del terremoto del 72. Y es que nuestra ciudad parece vivir constantemente en una ida y vuelta, en un ir y venir estremecido que se convierte en soplo sobre nuestras mentes. El 18 de agosto de 1945 La Nueva Prensa decía:



Un voraz incendio que inició en el depósito de películas del Teatro González, terminó con la valiosa documentación del Registro de la propiedad Inmueble, de los juzgados y casas adyacentes. (…) Hace poco el González había construido un cuarto más amplio y especial para almacén de películas cuyo costo puede calcularse en 200 dólares cada uno. Las pérdidas en el edificio del González, incluyen aparatos de cine, inmobiliarios, equipos de oficina, etc. Pueden estimarse en 600 mil córdobas.



Este incendio provoca que el antiguo González sea remodelado. El primero fue construido donde estuvo el mítico Hotel Lupone e inaugurado en 1934. La edificación mostraba ya una fachada moderna. Después del terremoto de 1931 Managua empieza a construirse con cemento armado y el Art Decó marca el lenguaje de la modernidad urbana. Esta foto nos traslada a la época del cinematógrafo Lumiere, Nos transporta a la ciudad post terremoto, al espacio urbano vacío. Al fondo la estructura de hierro de la catedral Santiago de Managua. Al frente los postes de luz eléctrica que devenían en innovación modernizantes para los transeúntes y los pájaros de la ciudad.



 



Después del incendio que calcinó este primer edificio fue reinaugurado en 1953 el Nuevo Cine González. Construido por la firma CARLAFISA (Cardenal Lacayo Fiallos, S.A.) y diseñado por Julio Cardenal, uno de los más grandes arquitectos nicaragüenses. La nueva edificación tenía aproximadamente 1500 butacas, platea y un balcón, más un amplio escenario que le otorgaba al edificio una ductilidad para ser sala de cine y salón de espectáculos. El decorado estuvo a cargo del maestro escultor Fernando Saravia y simbolizaban las bellas artes: la música, el ballet y el teatro. 

 






Antes de la inauguración del Teatro Nacional Rubén Darío en 1969 la sala del Cine Teatro González fue el escenario para espectáculos más cotizada del país. Digo escenarios para espectáculos porque después del terremoto de 1931 en Managua no había salas de teatro, sino, espacios arquitectónicos donde se podían presentar algunas escenificaciones.  Entre las puestas en escena llevadas a esta sala destacan Mujeres de Claire Booth dirigida por el maestro Alfredo Valesy,  obra con la que se funda el Teatro Experimental de Managua; Gladys Ramírez de Espinoza escribe:



Nuestro grupo necesitaba un director y Valesy necesitaba patrocinadores. Juntarnos fue buena idea. Valesy aceptó dirigir la obra Mujeres de Claire Booth, algo no muy fñacil, pues requería la actuación de 33 mujeres. Fue así como una noche de verdadera gala, y en el Teatro González de Managua, nació el “TEM”. La obra fue no sólo un éxito artístico, sino también económico.[1]



También destaca la puesta en escena de Antígona de Jean Anouilh en enero de 1967 por la Comedia Nacional de Nicaragua. Al respecto la maestra Socorro Bonilla Castellón apunta: “Para interpretar Antígona, nuestro elenco recibió un entrenamiento especial: luchamos por la grandiosidad de la obra y la llevamos al Teatro González, entonces la sala más cotizada del país”[2]. Estas dos puestas en escena son apenas una muestra de las representaciones teatrales que se llevaron a cabo en el escenario que hoy muere calcinado.



Pero no solo el teatro tuvo lugar en el González también los premios centroamericanos Monge de Oro, otorgados a lo más selecto de la prensa, radio y televisión. La música también estuvo presente en dicho escenario. Los managuas de aquella época seguramente recordarán el concierto de Raphael en 1968. Y sin contar las anécdotas de las matinés y las tandas nocturnas donde los novios se daban citas con las novias.



Después del terremoto de 1972 el centro de la ciudad queda cercado y en abandono. Pronto, en medio de los escombros, surgen nuevas dinámicas de relacionamiento entre los sujetos de la ciudad. El cine González en esta época comienza a proyectar películas porno para las parejas que se atrevían a transitar por el centro en ruinas. Emerge una ciudad en silencio que no es retratada por ninguna crónica, pues todos afirman que el centro quedó vacío. El espacio urbano medular es resignificado por trabajadoras sexuales, homosexuales, heterocuriosos y cualquier expresión de disidencia sexual que curveando las calles se entregaban en frenesí nocturno a los placeres de una noche. El González, entonces, fue habitado por sujetos porno en instantes de encuentros fugaces.



Luego en los años 80, con el advenimiento de la Revolución, hubo una borradura del accionar porno y se habilita la primera sala de la cinemateca nacional. El edificio dejó de funcionar como sala de cine hasta que en los años 90 fue comprado por una iglesia pentecostal que tuvo su sede ahí, hasta la madrugada de este viernes.



Estoy de pie frente al Cine Teatro González, en la intersección de la avenida Bolívar y la antigua calle Momotombo. Estoy de frente pensando en todas las voces que quedan silenciadas este día. El sol cae despacio sobre la ciudad. La noche abraza las huellas que se van convirtiendo en sombras. Mi sombra se proyecta sobre el edificio, el edificio ahora calcinando se proyecta sobre mi sombra. No delimito donde empiezo yo y donde empieza la sombra del González, una danza de muertos nos va abrazando hasta fundirnos eternamente en las lágrimas de esta ciudad.



[1] Ramírez de Espinoza, Gladys: Reseña histórica del Teatro Experimental Managua (TEM) en Boletín de bibliografía y documentación del Banco Central. Número 49, octubre de 1982. P.92
[2]Bonilla Castellón, Socorro: Reseña Histórica de la Comedia Nacional de Nicaragua en Boletín de bibliografía y documentación del Banco Central. Número 49, octubre de 1982. P.92