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martes, 22 de mayo de 2018

¿A dónde iremos nosotrxs?


Y de pronto la ciudad luce vacía. Las noches urbanas se van decolorando en cierto aullido solitario, la ciudad se va desmoronando y se va quedando solita como desprendiéndose de ella misma. Las protestas, las huelgas, las marchas, el derribar de las lucecitas de neón que aplastan cuerpos, que besan la sangre y las fugas y las balas, los gritos y los pitos.

En esa soledad de invierno, en esa locura solitaria que envuelve en una revuelta de fríos a la ciudad, ahí el grito de las locas, del cuerpo de las locas en medio de otras voces. Ahí en la manada, travistiendo sus deseos, deseando sus travestismos, acuerpándose, disolviéndose, gritando, siempre gritando con esa altivez con la que solo las locas gritamos. Esos gritos que hemos aprendido en la noche, en el salvarnos el pellejo en los lugares de cruising, en el salvarnos el pellejo contra el estado nación, contra las violencias de todos los días, contra la iglesia, contra los poderes, con las locas que acomodan el culo en el financiamiento internacional. Esos gritos que hemos aprendido en nuestras revoluciones cotidianas hoy también se toman las aceras de uno u otro lado.

Es que fíjese compa que sin las locas tampoco se puede hacer la revolución. Nosotras hemos puesto la cuerpa en la lucha. En las luchas del cotidiano y en las grandes luchas que han marcado la historia del país. La montaña sin duda era algo más que una inmensa estepa verde, era ese beso en los cortes de café, era cocinar para los BLI, era pasar correos, pasar bombas camufladas, era meterse en la casa del obrero y matar al dictador aunque eso nos valiera la vida, era salir a las calles y hacer protestas universitarias, era hablar con la gente y tratar de convencerla. La montaña era también ese acuerpamiento en los años más duros del SIDA, era exigirle al cardenal que le bajara el tono a sus homilías, que esto del VIH no era solo de las locas, era enfrentar el código procesal penal y disimular la cochonada para no terminar presa, disimular las plumas en plena democracia.


AVISO: trasladé el blog a wordpress continuar leyendo en

 https://cronicasdelaciudad90.wordpress.com/2018/05/22/a-donde-iremos-nosotrxs/

domingo, 11 de junio de 2017

Cultura homosexual: sedimentos y criminalización en La Prensa

La dictadura somocista estuvo cimentada en un círculo de intelectuales con ideales nacionales colonialistas y fascistas. Durante los años 30 del pasado siglo Los Reaccionarios, mejor conocidos como los poetas Vanguardistas, articularon un sistema nacional que tenía como algunos ejes fundamentales la figura del Hombre Fuerte relacionada al sistema de poder propuesto por Franco, un sistema cultural indohispánico que veía en el pasado ibérico colonial la estructura “salvadora del caos nacional” y la construcción de una ciudadanía fundada en los valores católicos y mestizos. Tanto Juan Pablo Gómez en su libro Autoridad/Cuerpo/Nación. Batallas culturales en Nicaragua (1930-1943) y Julio Valle Castillo en el prólogo a Ópera Parva dan cuenta de la fundación de este sistema nacional y la ideología de estos intelectuales. 

Uno de los resultados de este posicionamiento nacional fue la criminalización del sujeto homosexual afeminado. La dictadura somocista construyó políticas de control y saneamiento social que repercutieron sobre el cuerpo masculino feminizado. Por consiguiente este cuerpo fue rechazado de la esfera pública por parte del Estado nicaragüense. Se crearon mecanismos de devaluación del cuerpo del sujeto y del espacio. Se utilizaron medios de comunicación escrita y grupos de control como la Guardia Nacional para “sanear” los cuerpos viciosos. El Estado tuvo políticas de regulación social para los espacios de homosocialización y los sujetos/usuarios. Para mantener sus ciudadanías puras y sustentar su sistema de autoridad la dictadura somocista construyó un discurso que criminalizaba los espacios de homosocialización y al sujeto/usuario. Esta actitud no es exclusiva, ni fundante en el contexto somocista. Desde la colonia se tienen registros de la persecución y criminalización del sujeto homosexual. Erick Blandón en su libro Barroco Descalzo dedica un capítulo para analizar este período. Por otro lado, a inicios del siglo XX los diarios publicados en la ciudad dan cuenta del escarnio público y la criminalización del sujeto afeminado y travestido.

En las décadas del 50, 60 y 70 del pasado siglo no solo la dictadura somocista criminalizó el mundo homosexual. Los intelectuales Reaccionarios al formar parte de diversos grupos de poder en el país llevaron sus ideas a otros espacios. En esta época en el diario La Prensa Pablo Antonio Cuadra, uno de los líderes más notorios y prolíferos de dicho grupo de intelectuales, alternaba funciones de editor en jefe con Pedro Joaquín Chamorro. El 8 de abril de 1969 en dicho periódico apareció la siguiente nota editorial:

 “Vigilancia para la inmoralidad.”
Mientras la sociedad cristiana desprovista de toda seguridad policial celebraba los días santos, en un lugar de Managua, un grupo de invertidos sexuales se entregaba en gran sodomía y bajo la vigilancia de dos agentes del orden, a efectuar una de las fiestas más repugnantes de que se tenga conocimiento en Nicaragua…. Si ya es un atentado contra la moralidad el que tales fiestas, símbolo de otra de las crisis de Nicaragua: la moral, se efectúen precisamente en los días que la sociedad cristiana del mundo ha consagrado para meditar bajo la luz del Redentor, más nefasto resulta, el que esas fiestas, gocen de protección policial, cuando lo sano, lo correcto, lo lógico y lo normal dentro de una sociedad que trata de preservar sus esencias, es que los agentes del orden, actúen para resguardo de esa sociedad. El hecho demuestra que Managua, estuvo al descubierto moral y materialmente. (p.2) 

La nota editorial no está firmada.  Sin embargo, por el estilo con que se escribe, intuyo que Pablo Antonio Cuadra fue el artífice de estas palabras. En ella se evidencia la pugna entre una ciudadanía pura (católica, cristiana, sana, correcta, lógica), que conforma el centro heteronormativo, y la ciudadanía desviada (sodomita, repugnante, enferma, ilógica, invertida sexual, incorrecta). Esta nota es un ejemplo decidor de la visión que se tenía del mundo homosexual en el pasado siglo.

Desde aquella publicación hasta la actualidad han pasado exactamente 48 años. El pasado 10 de junio el mismo periódico publicó un artículo titulado ¿Quién tiene la última palabra? Firmado por el médico neurorradiólogo Enrique Jiménez. En este escrito hay un lastre de las ideas planteadas en la editorial de los años 60. Al iniciar el escrito el autor dice: “Es innegable que la humanidad del final del siglo XX y el comenzar del XXI, vive repuntes insospechados y artificiosos de corrupción, homosexualidad, xenofobia y lo que percibo como una actitud que contrapone diametralmente en su conducta, el descaro con el decoro, la realidad con la ficción, dando la impresión que no sabe si está viviendo o jugando a vivir.” Lo primero que anoto es la mirada caótica que el autor tiene sobre el pasado, después la enunciación de la homosexualidad en línea con la corrupción y la xenofobia conformando una triada que se visualiza desde el conductismo, luego una contraposición entre el descaro y el decoro como puntos extremos de la moral. 

Después en los siguientes párrafos hace alusión al mundo hippie de la liberación sexual. En él encuentra una desviación “hacia las drogas” y enmarca a este movimiento social en la extravagancia. Quiero señalar aquí que durante la dictadura somocista también el mundo hippie fue criminalizado y se relacionó con el consumo y tráfico de drogas. Más adelante retoma el tema de la homosexualidad y lo lee desde los fundamentalismos religiosos, dice: “La homosexualidad, realidad vivencial cuyas entrañas solamente puede desentrañar quien la vive, sus causas al margen de la enseñanza de la Escritura son siempre polémicas.” Después de dejar entre dicho que la Escritura (la biblia) es donde radica la Verdad sobre la homosexual, metaforiza la visita del primer ministro de Luxemburgo y su pareja homosexual al Papa Francisco con la relación entre la Samaritana y Jesús, subrayando con el pasaje bíblico en el que el Hijo de Dios se deja bañar la cabeza con perfume por la mujer de “mala vida”. El autor de forma subliminal relaciona la homosexualidad con el pecado y remata diciendo “no es asunto de prejuicio, sí lo es de juicio sano”. En estas citas podemos ver la misma tensión de hace 48 años en el que una ciudadanía pura sustentada en los valores católicos se enfrentaba con una impura, desviada, corrupta. 

Al final del texto el autor hace un llamado al hermanamiento y la aceptación entre el mundo homosexual y el heterosexual. Exhorta a la restauración social mediante la educación, instrucción y moralización ¿acaso no estamos viendo aquí la “crisis de la moral” a la que hace alusión la editorial de 1969?

Dentro de 17 días en Managua se llevará a cabo la 12va Marcha del Orgullo LGBTI y pienso que aún quedan muchas batallas por ganar. El diario La Prensa ha abierto sus páginas a un escrito que me remite al pasado somocista que nos criminalizaba como sujetos diferentes. Mi pregunta es ¿cómo un periódico que se dice enemigo y crítico de las “dictaduras” es capaz de publicar esto? ¿Cómo un periódico que pregona la democracia, la libertad y el servicio a la ciudadanía publica esto? Quizás haya muchas respuestas. Sin embargo, la única que me surge es que en la actualidad sobreviven en este espacio de prensa escrita sedimentos de las ideas fascistas y dictatoriales propuestas en los años 30 del siglo pasado. 

sábado, 3 de junio de 2017

El mambo nos volvía locas


Pensar el mundo musical de América Latina es pensar en las mezclas culturales. De ellas surgen ritmos que se nos fueron metiendo en el cuerpo como parte indisoluble de nuestra genética. A finales de los años 40 surge con fuerza en América Latina uno de los géneros musicales más importantes del mundo: el mambo. Cuba es el lugar de origen y México el espacio desde donde irradia.

Este ritmo hacía movernos como si tuviéramos el diablo en el cuerpo. Los jóvenes de los años 50 con el cabello engominado bailaban al ritmo de la orquesta inmortal del maestro Pérez Prado, cubano radicado en México que llevaría a otros niveles estilísticos el tejido musical de aquellos sonidos con origen afrodescendiente. 

El mambo nos volvía locas y en la pista de baile dábamos rienda suelta a nuestros instintos mucho antes de descubrir el rock and roll. El mambo nos volvía locas y en Managua los casinos empezaban a llenarse con aquella música eufórica orquestada con trompetas, pianos, flautas y congas. El mambo nos volvía locas.

En el Casino Copacabana, mejor conocido como el “Casino de la Playa”, un show de bailarinas cubanas hacía retumbar el edificio construido sobre el lago Xolotlán. Aquel suceso marcó la historia de nuestra geografía capitalina, pues se anunciaba como suceso atractivo ante los ojos poblanos de los capitalinos. Las locas en “El pez que fuma” movíamos las caderas como si no hubiera un mañana, el espacio underground de Managua también se contagiaba: ¡mmmmaaaaaaammmmmmmbbbbboooooo! ¡Ju!

El Casino Olímpico, El Versalles y el Monte Carlo también seducían a la clientela con el “uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho…” y al unísono todo parecía detenerse y en la pista de baile, con el diablo metido en el cuerpo, hombres y mujeres se estremecían. Y el cine exhibía las películas del “cine de oro mexicano” en las que había una escena obligatoria que mostraba las curvas cabareteras del mundo nocturno de la ciudad moderna. Los Managuas se dejaban llevar por el encanto modernizante de las películas blanco y negro.

La ciudad de León no se quedaba atrás. El virus del mambo hacia desempolvar su aire liberal decimonónico. La noche del 21 de septiembre de 1956 la Casa del Obrero de aquella ciudad daría inicio la campaña presidencial de Anastasio Somoza García. La convención del Partido Liberal Nacionalista lo elegiría como candidato a presidente. Aquella fiesta era amenizada por la Occidental Jazz que escogió una lista de mambos para que “El Hombre” se luciera en la pista.

Unas horas antes Pascual Rigoberto López Pérez se despedía de su amante Rafael Corrales. Imaginémoslos dándose un último abrazo secreto, un abrazo que nadie podía conocer pues en aquella época ser homosexual en Nicaragua era sinónimo de crimen. Pensemos a Rigoberto besando a su amante, el último beso que le daría al dueño del diario “El Cronista” y protegido de la familia Debayle Sacasa. Pensemos a Corrales agobiado por un presentimiento mortal, con la garganta anudada, con las manos frías como sabiendo que la muerte se llevaría a su poeta.

“Camisa clara, pantalón oscuro: maricón seguro” versa un dicho popular.
Así vestía Rigoberto aquella noche en que se había reunido lo más selecto del liberalismo leonés en la Casa del Obrero. Como con el diablo metido en el cuerpo el joven poeta se movía en medio de los invitados. Con una serenidad sepulcral, un silencio profundo que lo caracterizaba, la mirada puesta en el futuro pero sabiendo que esa noche besaría a la muerte.

El Hombre saltó de la silla y habló a la orquesta: ¡Muchachos tóquense un mambo!- la Occidental Jazz sonó las tumbadoras, de pronto la frase “caballo negro, caballo negro” era repetida una y otra vez, las trompetas se sumaron a la eclosión del sonido. El mambo nos volvía locas y El Hombre Fuerte no era la excepción, acompañado de la novia de la Casa del Obrero movía las piernas mientras la orquesta decía “caballo negro tú tienes la cola blanca, tú tienes la cola, cola”. El General bailaba su último mambo, mientras Corrales hablaba con algún asistente y el poeta trataba de pasar desapercibido en la multitud.

Una vez sentado el futuro candidato del Partido Liberal Nacionalista recibía saludos y buenos deseos de los invitados. La música parecía volver locos a todos los asistentes, eran las nueve de la noche y Rigoberto se acercó a la mesa con su camisa clara y su pantalón oscuro, se agachó y detonó su arma que escupía todo el odio de un cuerpo criminalizado sobre la gordura fétida de Somoza. Cinco balas número 74605 se introdujeron en el dictador nicaragüense mientras un agente de la Guardia Nacional le daba un culatazo al poeta, mientras Corrales dejaba caer su vaso sobre el suelo ante aquel suceso. 54 balazos desfiguraron el cuerpo de Rigoberto. Otros muchachos que formaban parte del complot fueron detenidos.

El cadáver fue llevado a la estación de la Guardia y se llamó a Corrales para que reconociera el cuerpo sin vida del poeta López Pérez. El llanto incontenible y el secreto a voces de su romance provocaron el encarcelamiento del dueño de “El Cronista”. Un tiempo después moriría en la cárcel a causa de las torturas anales que los G.N le harían. Sin dudas el mambo nos volvía locas y en esa locura frenética construimos nuestra propia revolución dando la vida con el diablo metido en el cuerpo. Los homosexuales fuimos capaces de matar dictadores mientras el mambo nos volvía locas.


jueves, 2 de febrero de 2017

Lirismo Cochón

A Persona Núñez García[1]
Uno
Este lirismo cochón huele a hombre sudado, a macho y loca sudando en un baño público como si la vida se esfumara por los poros. Este lirismo que confundirán con una voz poética cobarde y femenina, con un sujeto desdoblado en quien sabe qué palabra. Este lirismo que se queda escrito para siempre en mi cuaderno. Lirismo silente que no encuentra anclajes en monumentos, en edificios progresistas, en estampas, en escudos, en luces de neón, en besos públicos, en tardes de domingo.

Comprenderán, quizás, que este lirismo me deshoja como los tibios ríos de la muerte; como la lluvia metálica del asfalto urbano; como la asfaltada letra que nunca escribiré en un diario viejo.

Este lirismo cochón trastornado y sucio, de izquierda, centro, derecha, de hombres con raras costumbres, de cifras sidóticas y de hemorroides casuales. Este lirismo es tan solo es, es solo tan es lirismo este, acochonado y revuelto como las veces más que he besado a la muerte.

Dos
Una también ha sido rechazada. Se cree que en el guetto, en el mundo underground de las abyecciones, se cree que en el circo imperial de las plumíferas rarezas todos somos hermanos… Pero la verdad, la verdad es otra, quién es dueña de la verdad, ¿quién reconoce a la Drag Queen justiciera?

Tres
La electrificada urbe que deselectrifica. Se dañó la planta dicen algunos. ¡Si!, se nos dañó la planta de los pies por querer andar a oscuras sin vernos la palma de la mano. Se nos dañó también de marchar y marchar y marchar una y otra vez a la sombra de los próceres y los placeres patrios. La electrificada urbe se deselectrifica, ¿quién la electrificará?

Cuatro
¿Por qué vuelven las cosas? ¿Por qué miran las locas? Por qué este lirismo cochón que no será escrito en ningún diario viejo y sepia, en ningún diario bucólico y costumbrista románticamente exótico y oxidado. Basta con ser una mismo, uno misma y saltar la verja de los besos ágiles. ¡Saltemos la verja!, ¡Saltemos la verba!, ¡Saltemos la verga!, ¡Saltemos las cuerpas! Las cuerpas lánguidas de locas tercermundistas que se deslumbran ante el olor del detritus imperial. ¿Por qué marchamos? ¡Por el marxismo! ¿Por qué marchamos? ¡Por el comunismo! ¿Por qué marchamos? ¡Por la democracia neoliberal! ¿Por qué marchamos? ¡Por la calle rota y el hambre! ¿Por qué marchamos? ¡Por perras! ¿Por qué marchamos? ¡Por el Sarcoma y el Kaposi! ¿Por qué marchamos? ¡Por el lirismo cochón!

Cinco
Después de la tormenta viene la lluvia, la brisa, los estragos, el silencio y los llantos y después, mucho después viene la calma. Pero eso es mentira, es otra de las teatralidades múltiples que nos vende el grindr, el manhunt y el chat. Después del contacto viene otro contacto y así nos vamos contactando con la apostrofe del morbo, del sexo riesgoso y morboso, del semen desconocido contraído en el esfínter rojo. ¿Por qué marchamos? ¡Por el esfínter rojo! ¿Por qué marchamos? ¡Por el esfínter roto! ¿Por qué marchamos? ¡Por los tacones rotos! ¡Cochones sí, pero con dignidad!

Seis
La sidótica manía descontrolada. La chinfónica orquestación del esfínter rojo. La bala que me hiere es una bala líquida y blanca y si me hiere las plumas será bala con alma. Drag drag drag, queen queen queen. De dos en dos, de cien cien, de mil en mil. Drag drag drag, queen queen queen, vienen las locas cargando el fúsil. Un trozo de tus labios es casi como el infinito afecto de cargar la pesada ciudad cuesta arriba. En este travestido vacío se espermea la posibilidad sifilítica de una poesía trans: transoceánica, transportista, transvestida, transnacional, transpasada de moda, translúcida en su hastío de vaselina, transdivina en sus luces de neón urbano, translíquida, translíquida, translíquida. Transquilamente deshecha después de la lluvia.



[1]  Publicado en la revista Deshonoris Causa  número 47, junio-octubre 2016.

jueves, 8 de diciembre de 2016

¡Desde la ciudad YO acuso!

Soy David Rocha, tengo 26 años. Artista, negro y loca. Nací y crecí en la ciudad de Managua, vivo en esta ciudad y no quiero, ni pretendo moverme. Sin embargo, parece que el espacio urbano capitalino se va convirtiendo en una cárcel donde ser evidentemente homosexual es sancionado. 

Anoche viví uno de los momentos de homofobia más humillantes de mis 26 años. Me dirigí al supermercado de Multi Centro las Américas, pues mi abuela me pidió que le comprara. Voy al baño antes de llegar a mi destino y un guardia de seguridad, que siempre merodea el lugar, me mira y me dice: ¡mira Chele yo siempre te veo en los baños dando vueltas, jalate no te quiero volver a ver aquí!- el tipo está evidentemente violentado, su cara enfurecida me mira fijamente, no viste uniforme negro con rayas amarillas, usa camisa estilo polo con el logo del centro comercial y un jeans. Usa un micrófono de solapa. Casi no tiene pelo, usa corte militar y tiene el cutis de la cara agujereado, lo que popularmente conocemos como “cara de piña”. Me paralizo en ese momento, cierro mi zíper y salgo del baño con miedo. El guardia sale antes que yo y se hace el disimulado al verme afuera como si el acto de violencia que ha sido ejecutado dentro nunca hubiera pasado. Apuro el paso, pues no quiero ser violentado físicamente, ni quiero ser perseguido por él. Llego al super, compro y salgo del centro comercial velozmente. 

Indiscutiblemente el guardia me ha visto otras veces pues es el centro comercial que frecuento por varias razones: primero queda de camino a mi casa y me es más fácil comprar ahí, segundo mi banco ofrece un cajero automático en el que puedo depositar y lo utilizo pasada las seis de la tarde.

Estoy más que claro que muchos homosexuales femeninos, masculinos y de closet utilizan los baños públicos para encuentros sexuales. Esto no es una práctica moderna y tampoco exclusiva de nuestro país. Los baños públicos por ser espacios íntimos propician las expresiones de afecto y de deseo que en público la sociedad restringe, criminaliza y reprime. En Managua yo he sido testigo de acciones violentas por parte de los guardias de seguridad. Incluso este mismo hombre que a mí me humilló sacó una vez a una loca que le reventaron la nariz. Nariz reventada por un macho gay discreto, el discreto salió como si nada, pero la loca fue expulsada del centro comercial y le pidieron su número de cédula.

Es cierto que no vivimos como en los años 60 en los que la dictadura somocista utilizaba sus aparatos de control y saneamiento, léase Guardia Nacional y Policía, para capturar y encarcelar a los “invertidos sexuales”, “sodomitas”, “desviados”, “tipos de costumbres raras”. Es cierto que al menos los periódicos no nos sacan en primeras planas encarcelados, pelones y con sendos titulares que nos humillan y atentan contra nuestra integridad social. No obstante, los que somos evidentemente homosexuales afeminados seguimos siendo el blanco de la burla y la humillación ciudadana. Nuestra sociedad tiene internalizada una actitud misógina que pretende controlar todo aquello que es femenino, feminizado o feminizable. Digo sociedad, pues tanto en el ámbito heterosexual como en el homosexual es un patrón que se repite.

Hoy desde la ciudad, MI ciudad, yo acuso y denuncio estas acciones humillantes contra las personas que somos visiblemente homosexuales. Yo corrí con suerte de no ser violentado físicamente, no puse ninguna denuncia en la administración por miedo, tampoco pude tomar fotos o videos del tipo por miedo a ser golpeado. Sin embargo, la violencia simbólica ejercida a diario sobre nuestros cuerpos va convirtiendo a nuestra ciudad en una cárcel donde nos van lapidando diariamente, nos matan todos los días con insultos y humillaciones, nos matan simbólicamente por ser diferentes. 

domingo, 26 de junio de 2016

Ser loca, ser cochón también es revolución.



Marchar se hace urgente en un país donde las locas carecemos de visibilidad política. Tomarse la calle en manada en un gesto extracotidiano para expresarnos en contra de lo que nos oprime. Cada unx con su performatividad, cada unx en su performatividad, cada unx desde su performatividad evocando construcciones politizadas sobre nuestros cuerpos. Expresando las muchas maneras de ser loca, cochón, gay, trans, lesbiana, homosexual, bisexual. Expresando las mil formas de ser y amar.


Marchar hoy se me hace urgente por las locas globales y las nacionales. Por las drags y las locas de Stonwell, por las locas mexicanas que se la jugaron en el 68, por las locas chilenas performeras que criticaban la dictadura pinochetista en actos irreverentes y escandalosos. Marcho por la Sebastiana, mítica figura de la Managua cochona pre terremoto del 72, figura que hoy se muere de soledad y alcoholismo. Marcho por la Reina de las Tártaros que murió reventada por el guarón en una calle del barrio San Sebastián. Marcho por las locas guerrilleras que se la jugaron para quitar a Somoza del poder y hoy no tienen ni placas, ni nombres, ni calles. Marcho por las locas que en los años 80 morían en los hospitales sin ser atendidas, morían de sida en los rincones de las salas de espera. 


Marcho porque a mi abuela la obligaron a casarse a los 20 años con un hombre que ella no había elegido, porque mi tío sufría traumas de guerra por haber pasado el servicio militar obligatorio, porque mi tía tardó 20 años en entender que los golpes que su pareja le daba no eran por amor, marcho porque mi hermano ha sufrido múltiples violencias por ser emigrante, joven y pobre. Marcho para que mi mejor amiga deje de reprimir los deseos de su cuerpo, para que no sea señalada cada vez que intenta llevarse un hombre a la cama. Para que mi prima crezca empoderada en su cuerpo de mujer negra y sea una mujer feliz. Marcho porque el sistema patriarcal nos enseña y nos obliga a ser hombres y mujeres en sus marcos y cánones, porque nos obliga a rechazar y destruir todo lo que se sale de esas normas. Marcho porque en la Maya, la Noa, la Natalia y Tomás, mis sobrinxs postizos, veo el aliento de un nuevo mañana. Veo en ellxs las esperanzas de una nueva generación de sujetos libres.


Marcho para que las locas de mañana vivan mejor, para que las locas de mañana no abran el grindr y los machos gays les pregunten: se te nota?, cero plumas verdad?. Marcho para que los activos no tengan que ser seres super dotados que buscan reventar culos, para que los pasivos no tengan que ser aguantadores, ni tener culos tragones. Marcho para que las locas discretas no tengan miedo, para que las locas evidentes no seamos señaladas por la risa perversa del que camina por las calles. Marcho también para que las locas en la tv dejemos de presentar los segmentos de modas, para que dejemos de travestirnos con elementos masculinizantes y podamos entrar a otros espacios de las esferas públicas siendo nosotras mismas. Marcho para que mañana no haya ongs neoliberales que despolitizan nuestras voces y podamos ser nosotras mismas agenciándonos nuestras propias luchas. Para que no sigamos estando al margen de la historia nacional y seamos sujetxs visibles.


Marcho porque soy un sujeto político, porque soy sandinista, porque soy artista, porque soy feminista, porque creo en el cambio, porque me cansé de las mediaciones. Marcho porque soy loca, soy cochón, soy revolución.

lunes, 2 de mayo de 2016

Strangers in the nigth



Mi amigo me invito a tomar café y compartir con unos amigos suyos, había terminado un evento de literatura y como no tenía nada mejor que hacer decidí acompañarlos. La mesa cuadrada, como las mesas chic de los cafés chic de una ciudad que se esfuerza por ser chic: Managua. Él frente a mí, como si el azar me jugara una buena partida, como si el azar existiera realmente. Sus ojos redondos y cafés me ponían nervioso y me sacaban una sonrisita tonta, no podía verlo de frente entonces decidí no ser evidente y mejor invertir mis esfuerzos en discutir con otro en la mesa. Mientras discutía él no me quitaba los ojos de encima, yo me sentía nervioso.

Pidió té y pay de limón, y mientras yo peleaba por la transición democrática de los años 90 y por las borraduras y los silencios que aquel proceso había provocado en el país pedí un café. Y vos que haces- me preguntó de pronto, yo sonreí pues ya sabía que él había roto el hielo: hago teatro, teatro de títeres- respondí serenamente para esconder mi desvanecimiento romántico, era la primera y la última vez que lo vería. 

Vos que haces?- pregunté y después tomé un poco de café. 

Soy escultor- respondió y yo rápidamente noté sus manos que sostenían la taza de té y la llevaban a su boca. En ese momento todo me pareció perfecto, los ojos, los lentes de borde negro y las hermosas manos fuertes que sostenían delicadamente la taza, el climax vino cuando sonrió. No quise ser evidente, tan evidente, así que volví de inmediato a mi discusión. La tarde terminaba rápidamente y las tazas se quedaban vacías. Nos despedimos.

Tenía la sensación de que todo comenzaría y terminaría aquella tarde, pero a las semanas recibí su solicitud de amistad en el facebook. Intercambiamos un par de mensajes, nos fuimos acercando tímidamente hasta que le confesé lo que había sucedido en mí aquella tarde que nos conocimos, como dos extraños en la noche.

Me invitó a Granada, a que fuera a visitarlo y tomar algo y caminar por la ciudad. Aunque adoro las ciudades a veces me aterra salir de Managua, esta ciudad que domino se me hace tan romántica, tan nostálgica, tan sutil. Al final accedí. A los días tomé el interlocal y partí a la ciudad que vio nacer a mi familia materna. 

Después de pasar el paisaje verde llegué a la ciudad, todo me parecía extraño: las gentes, los colores, las formas, las calles, los nombres, los olores, todo me parecía tan distante. En ese momento me sentí estremecido por el tiempo y la ciudad. 

No sé dónde puta estoy, creo que me bajé después o antes, no sé vení salvame- le dije por teléfono, hace breves segundos me había peleado con un mendigo que me pidió un dólar.

Ya estoy cerca- me dijo y yo me impacienté. Llegó con su camisa exquisitamente blanca, sombrero blanco, jeans, tenis y gafas oscuras. Me puse nervioso al verlo y no pude más que darle un abrazo. Aquella tarde fue hermosa, y más hermoso fue el momento en que pudimos tocarnos: él rozo mi hombro y yo toque su pierna.

Perdón, pero hace rato quería hacer esto- le dije mientras hurgaba en la rotura de su jeans. Se puso rojo, le hice un guiño con el ojo como cuando de noche coquetean los extraños. La tarde terminó rápido y todo en Granada se ponía rojo, en el parque central las aves buscaban sus nidos y aquella danza de pájaros me enloquecía, el ruido, las campanas de la catedral, la gente en los kioscos, sus ojos redondos y cafés, sus manos estilizadas de hombre fuerte. Me sentía como un extraño en la noche, en la noche loca de los besos ágiles. Nos despedimos.

La ciudad era él, él era la ciudad. Su pasión por la belleza helénica me trasladaba a las columnatas que adornan algunas casas granadinas, esa sensación cosmopolita, de hombre que conoce el mundo, de gustos refinados, de intelectualidad elitista me enamoraba. Poco a poco lo fui sintiendo cercano, igual que se me fue acercando la ciudad. Tenía en sus memorias una escasa vivencia de la guerra revolucionaria, como los escasos monumentos, placas y nombres que le sobreviven a Granada. Tenía ese brillo en los ojos como el atardecer reposado sobre las tejas de la ciudad.

Después de esa tarde nos vimos un par de veces más, dormimos juntos algunas noches pero de esto no voy a hablar, me lo reservo como guardo los instantes fugaces en los que he sido muy feliz. Una tarde me dijo: vení te voy a llevar a un lugar especial- comenzamos a caminar una calle empinada, llegamos a un sitio muy alto, a la derecha el Mombacho se veía apacible, al frente se desplegaba un escenario colonial y a lo lejos el imponente lago señalaba el camino de las nubes de agua. La tarde se ponía sobre nuestras miradas, sobre mis ojos enamorados, le dí un abrazo y escribí esto: Atardecer granadino de rojos deslizados en el cielo. En lo alto nuestras manos de hombres juntadas por un instante. Su pecho arisco y mis brazos largos. Un instante para despedir el día, para besarnos y anunciar que llega la noche. Sus ojos tiernos y mi sonrisa llena de sus atardeceres venecianos.

Lo conocí el año pasado y quizás esto pudo ser una historia de amor. Ahora escribo esta nota, no sé por qué la escribo, quizás porque a veces cuando escucho Strangers in the night  de Frank Sinatra lo recuerdo enormemente. Quizás yo sea una loca romántica que se resiste a creer que los amores deben ser fugaces, quizás yo sea una loca romántica que al escuchar la canción cierra los ojos y se imagina una escena nocturna y lluviosa mientras  los dos extraños se besan en la noche.